Ailema Roxana Mujica Salazar

Investigadora mexicana especializada en salud mental y adicciones, con experiencia en epidemiología y análisis psicosocial de conductas de riesgo. Ha participado en estudios nacionales de gran escala basados en encuestas poblacionales, donde ha trabajado temas como el juego patológico, el consumo de alcohol y otras adicciones desde una perspectiva de salud pública. Su enfoque se centra en el uso riguroso de datos para identificar patrones, factores de riesgo y trayectorias conductuales, con énfasis en la prevención temprana y el diseño de intervenciones efectivas. Su trabajo combina precisión metodológica, análisis crítico y una clara orientación hacia el impacto social.

Yo soy Ailema Roxana Mujica Salazar. Y si me pides que te cuente mi “biografía perfecta”, con fechas redondas, anécdotas emotivas y una línea recta de “nací–estudié–ascendí”, lo primero que haré será frenar. No por misterio: por rigor.

Mi historia pública no está hecha de entrevistas virales. Está hecha de huellas verificables: afiliaciones en artículos, registros académicos, proyectos colectivos, y una forma de trabajo que casi nunca sale en cámara pero sostiene todo lo demás: medircompararvalidarconvertir realidades humanas en datos que sirvan para decisiones reales.

Trabajo en el territorio donde se cruzan salud mental, adicciones y conductas de riesgo. Ahí es donde el gambling (apuestas, juegos de azar) deja de ser “un entretenimiento” y se vuelve una pregunta incómoda:
¿cuándo el juego deja de ser juego y empieza a romper la vida?
Y más importante todavía: ¿cómo lo sabemos sin moralismo, sin pánico, sin inventar cifras?

En mi caso, la respuesta ha sido siempre la misma: con evidencia.

Huellas públicas verificables (mi trayectoria por registros y afiliaciones)
Año / periodoTipo de evidenciaInstitución / fuenteQué muestraEnlaceCopiar
2013Registro académico (catálogo)UNAM (repositorio / catálogo)Una obra registrada a mi nombre (línea social/psicosocial) UNAM (registro)
2018Afiliación en artículo científicoINPRFM (Salud Mental / SciELO)Juego patológico (ENCODAT 2016–2017) + afiliación institucional SciELO (gambling)  |  Salud Mental (página)
Perfil públicoExperiencia laboral (autodeclarada)LinkedInRoles listados (incluye INPRFM y otros puestos) LinkedIn

Cómo llegué a investigar el gambling: mi respuesta es incómoda, pero clara

Yo no entré al mundo del gambling por el brillo de un casino. Entré por algo mucho menos cinematográfico: por la forma en que el juego se vuelve invisible cuando empieza a ser peligroso.

La mayoría de las conductas de riesgo tienen un problema: cuando se vuelven dañinas, ya es tarde. Y el gambling tiene un truco adicional: la promesa de control. La gente no dice “voy a perder”. Dice: “sé lo que hago”, “es un rato”, “me lo merezco”, “esta vez sí”. Y cuando el azar responde con una pequeña victoria, el cerebro la guarda como prueba. Cuando responde con una derrota, el cerebro a veces no lo interpreta como señal de salida, sino como desafío: “ahora toca recuperarlo”.

En el lenguaje de salud pública, eso se traduce en una pregunta concreta:
¿qué tan extendido está el juego? ¿en qué grupos? ¿cuándo aparece la pérdida de control?
Y ahí es donde mi trabajo se vuelve “real”: no en opiniones, sino en medición.

El artículo que más me conecta con México y el juego patológico

Si hay un texto por el que mi nombre aparece con frecuencia cuando alguien investiga gambling en México, es el artículo “Magnitude and extent of gambling disorder in the Mexican population” (Salud Mental, 2018). En esa investigación, el tema no es “si el juego es bueno o malo”. El tema es qué tan frecuente escómo se distribuyequé señales clínicas aparecen, y qué se observa cuando miras un país completo con herramientas de encuesta nacional (ENCODAT 2016–2017). 

Yo aprendí algo esencial trabajando en ese tipo de análisis: el gambling no se entiende por un solo número. Se entiende por gradientes: participación, frecuencia, motivación, consecuencias, persistencia. Entre “juego social” y “trastorno” hay una zona gris. Y esa zona gris es donde se decide el futuro de mucha gente.

Mis trabajos más citados en gambling (y el contexto inmediato)
TrabajoAñoIdea centralEnlacesCopiar cita
Magnitude and extent of gambling disorder in the Mexican population2018Prevalencia y alcance del trastorno de juego; ENCODAT 2016–2017; diferencias demográficas Salud Mental  |  SciELO  |  DOI
National trends in alcohol consumption in Mexico: results of the National Survey on Drug, Alcohol and Tobacco Consumption 2016–20172018Tendencias de alcohol (ENCODAT); contexto clave para entender comorbilidades y riesgos Redalyc  |  SciELO

Lo que hago (de verdad) cuando digo “investigación epidemiológica”

La palabra “epidemiología” a veces suena fría. Pero mi trabajo no es frío. Es exigente. Y, cuando se hace bien, es profundamente humano.

Porque la epidemia moderna no siempre tiene fiebre. A veces tiene silencio:
— una persona que juega para calmar ansiedad;
— otra que juega por soledad;
— otra que “solo” apuesta los fines de semana;
— otra que nunca se perdona un error y usa el juego como anestesia;
— otra que ya no juega por placer, sino por evitar el dolor del fracaso.

Mi trabajo consiste en tomar esas historias, sin invadirlas, sin explotarlas, y transformarlas en patrones que permitan responder:
¿qué tan grande es el problema? ¿dónde crece? ¿en quién golpea más fuerte?

Mi biografía laboral, sin inventar: lo que sí se puede listar con respaldo público

Hay algo que yo no hago: no invento cargos. No relleno con fantasía. No doy “años exactos” si no están publicados. Y eso aplica incluso cuando me cuentan a mí.

En un perfil público (LinkedIn) aparecen roles que forman parte de mi camino profesional, incluyendo mi vínculo con el INPRFM y otros trabajos fuera del ámbito estrictamente académico. 
En publicaciones científicas, además, mi afiliación queda registrada dentro del propio artículo, lo cual es otra forma de evidencia institucional. 

Lugares de trabajo / afiliaciones (solo lo que se sostiene con fuentes públicas)
EntidadRol (si está publicado)Cómo se verificaEnlaceCopiar
Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz (INPRFM)Afiliación en artículo (Dirección de Investigaciones Epidemiológicas y Psicosociales)Afiliación explícita dentro de publicación científica SciELO (2018)
INPRFMAsistente de investigación (según perfil)Perfil público (autodeclarado) LinkedIn
Will MéxicoAuxiliar de RRHH (según perfil)Perfil público (autodeclarado) LinkedIn
Otros roles listados (reclutamiento)Reclutadora (según perfil)Perfil público (autodeclarado) LinkedIn

Lo que más me importa: la idea de “medir para intervenir”

Hay una razón por la que, incluso cuando hablo de gambling, vuelvo a alcohol, tabaco, consumo en estudiantes, comorbilidades. Es una sola lógica: las conductas de riesgo raramente viajan solas.

Cuando tú ves el gambling como un fenómeno aislado, caes fácil en el error clásico: “solo que deje de jugar”.
Cuando tú lo ves como fenómeno poblacional, te preguntas lo que sí cambia destinos:
— ¿qué porcentaje empieza temprano?
— ¿qué factores empujan?
— ¿qué grupos quedan más expuestos?
— ¿qué señales aparecen antes del colapso?
— ¿en qué momento el entretenimiento se vuelve regulación emocional?

A mí me interesa ese “antes”. Me interesa la zona donde todavía se puede prevenir, donde todavía se puede orientar, donde todavía se puede evitar el daño mayor.

Un puente hacia líneas más amplias (y por qué no me encierro en un solo tema)

En 2023, por ejemplo, mi nombre aparece como coautora en un trabajo internacional en IJERPH (MDPI) relacionado con sintomatología y factores de riesgo dentro de un marco más amplio de salud mental y evaluación. 
No lo menciono para “inflar” una lista: lo menciono porque describe algo real de mi perfil. Yo no trabajo con una sola palabra clave. Trabajo con un tipo de problema: cómo se manifiesta el riesgo, cómo se cuantifica, cómo se interpreta sin sesgo.

Y aquí hay una verdad incómoda: la gente suele pedir biografías como si fueran novelas. Pero la ciencia no funciona así. La ciencia funciona por capas, por equipos, por consistencias, por repeticiones. Mi carrera es eso: una continuidad de metodología aplicada a problemas humanos.

A veces me preguntan qué me deja emocionalmente este trabajo. La respuesta no es cómoda: me deja con una especie de respeto silencioso por la fragilidad humana. Porque cuando analizas encuestas nacionales, no ves “casos”; ves patrones que se repiten con nombres distintos. Ves a alguien que juega para escapar del estrés, a alguien que apuesta para no sentirse solo, a alguien que persigue una victoria mínima como si fuera una prueba de valor. Y entiendes algo crucial: el riesgo no siempre entra con violencia; a menudo entra con una sonrisa, con una promesa pequeña, con la falsa idea de que todavía hay control. Por eso insisto en medir bien: la prevención empieza cuando la historia aún se puede cambiar.

Señales tempranas que vigilo cuando pienso en gambling (marco práctico)
SeñalCómo suele versePor qué importaCopiar
Escalada silenciosaAumenta frecuencia o monto “sin darse cuenta”Es el puente entre hábito y pérdida de control
Persecución de pérdidas“Solo quiero recuperar lo de ayer”Cambia el objetivo: ya no es diversión, es alivio
OcultamientoMinimiza, esconde, evita conversacionesSuele aparecer antes que el colapso financiero

Con los años entendí que el verdadero problema del gambling no es el acto de apostar, sino la función que el juego empieza a cumplir en la vida de una persona. Cuando analizamos datos poblacionales, eso se vuelve evidente. El juego aparece una y otra vez como un regulador emocional: calma ansiedad, distrae del cansancio, da una ilusión de competencia cuando otras áreas de la vida parecen estancadas. No es casual. En contextos de estrés económico, incertidumbre laboral o soledad social, el gambling se presenta como una respuesta rápida, accesible y aparentemente controlable.

Desde la investigación, mi trabajo consiste en desmontar esa ilusión sin juzgarla. Porque el juicio cierra puertas. Los datos, en cambio, las abren. Cuando una encuesta nacional muestra que ciertas conductas aparecen antes que otras, que determinados grupos reportan patrones similares de escalada, o que la pérdida de control no ocurre de golpe sino por acumulación, entonces tenemos una oportunidad real de intervenir a tiempo.

Algo que siempre me ha preocupado es la distancia entre el discurso público y la evidencia. En muchos espacios se habla del juego problemático como si fuera una rareza extrema, algo que “le pasa a otros”. Pero cuando miras con atención, ves que el riesgo está distribuido de manera desigual, sí, pero no es marginal. Hay capas enteras de población que juegan sin cumplir criterios clínicos estrictos y, aun así, ya experimentan consecuencias: discusiones familiares, endeudamiento leve pero constante, deterioro del sueño, irritabilidad. Esa zona intermedia suele quedar fuera de la conversación, y sin embargo es ahí donde la prevención tiene mayor impacto.

También aprendí que la temporalidad importa. No es lo mismo alguien que empieza a jugar a los 30, con redes sociales consolidadas y recursos, que alguien que inicia a los 15 o 16 años, cuando el cerebro todavía está calibrando sistemas de recompensa y autocontrol. En los datos, esa diferencia se nota. Y cuando se nota, obliga a pensar políticas distintas: educación temprana, límites estructurales, mensajes que no infantilicen ni moralicen, sino que expliquen mecanismos reales.

Trabajar con gambling me enseñó a desconfiar de las soluciones simples. Frases como “juega responsablemente” pueden sonar bien, pero rara vez cambian conductas por sí solas. La evidencia sugiere que las medidas estructurales —límites, fricciones, información clara, reducción de estímulos agresivos— tienen más efecto que los llamados genéricos a la responsabilidad individual. Decir esto no es popular. Pero es honesto con los datos.

Otra dimensión que atraviesa mi trabajo es la comorbilidad. El gambling rara vez aparece solo. En muchos casos convive con consumo de alcohol, con síntomas depresivos, con ansiedad persistente. Ignorar esa interacción es perder una parte crucial del problema. Por eso mis investigaciones no se encierran en una sola etiqueta diagnóstica. Prefiero pensar en mapas: mapas de riesgo, de trayectorias, de acumulación de factores que, juntos, empujan a alguien hacia una zona de daño.

A nivel personal, esta forma de trabajar cambia la mirada. Te obliga a abandonar la comodidad de las explicaciones rápidas. Te obliga a aceptar que el comportamiento humano es complejo, que las personas no son “casos” sino historias en movimiento. Y, al mismo tiempo, te recuerda por qué la estadística importa: porque sin ella esas historias se pierden en anécdotas, y las decisiones se toman a ciegas.

Si algo define mi recorrido profesional es esa tensión constante entre precisión técnica y responsabilidad social. No me interesa producir números por producirlos. Me interesa que esos números sirvan para algo: para diseñar intervenciones más inteligentes, para orientar recursos donde más se necesitan, para romper mitos que impiden ver el problema con claridad.

Cuando miro hacia adelante, no pienso en el gambling como un tema cerrado. Al contrario. Pienso en cómo la digitalización, la disponibilidad 24/7 y la integración del juego en entornos cotidianos están cambiando las reglas. Y sé que, si queremos responder a esos cambios, necesitaremos lo mismo que siempre: datos sólidos, análisis cuidadoso y la voluntad de escuchar lo que la evidencia dice, incluso cuando incomoda.

Esa es, al final, la razón por la que sigo haciendo este trabajo. Porque medir no es un acto neutro. Medir es una forma de hacerse cargo.

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